099 276 6345 info@sentipensante.net

GUNTHER KUBLIK

Líder estratégico en política social y relaciones internacionales

¿Eres un foodie que disfruta en Instagram (IG) las recomendaciones de su influencer favorito? Quizás vives a mil por hora y recibes tu pastilla diaria de noticias vía TikTok (TT). O acaso, ¿reafirmas tus opiniones cuando ves que mucha “gente” piensa igual que tú en X? Pues ojo, que esta nota es para ti. Hoy quiero hablar de una verdad incómoda sobre redes sociales que rara vez se discute con la seriedad que merece. Mucho de lo que vemos, compartimos y hasta defendemos no llegó a nuestras pantallas por casualidad. Detrás del contenido popular suelen existir estructuras de poder, dinero, intención y control.

Partamos de una premisa simple. Aunque no nos guste, las plataformas priorizan contenido con mayor engagement (reacciones, compartidos, comentarios). En otras palabras, lo que triunfa no siempre es lo más honesto, sino lo que mejor funciona dentro de la fórmula más vieja y rentable del internet: más atención, más poder, más dinero. ¿Interesante verdad?, vengan conmigo a analizarlo brevemente enfocados en IG, TT y X.

Arranquemos con IG, la tierra donde un 93% de publicaciones patrocinadas ni siquiera se molestan en decir que son patrocinadas. A muchos se les caería el celular si supieran cuánto gana su influencer favorito por recomendar un producto o servicio. Y peor aún, si descubrieran que, en más de una ocasión, quien jura que algo es una maravilla jamás lo ha probado de verdad. En IG no solo se vende maquillaje, comida, ropa o estilo de vida. También se vende confianza disfrazada de cercanía.

Es el turno de TT. Con un público más joven, una lógica frenética y una capacidad brutal para viralizarlo todo, es el espacio perfecto para mover más y desinformación. La primera circula por error. La segunda engaña intencionalmente. Y acá el problema no es solo que se comparta basura, sino que esa basura muchas veces responde a campañas bien financiadas. Sin minimizar el rol de otras redes, TT es un terreno ideal para operaciones oscuras donde hasta cárteles han encontrado maneras de blanquear dinero mediante campañas que, incluso vistas con lupa, parecen inofensivas. Ahí entra el fenómeno del “influence-for-hire”, con cuentas, voces y narrativas que se venden al mejor postor.

Por último, X. La red más interesante a mi parecer, ya que acá se han pulido demasiado las campañas para manipular la opinión pública en lo que se conoce como “astroturfing” con los denominados “troll centers” y “granjas de bots”. Nuestros gobiernos favoritos, y los no tanto, gastan fortunas para deslegitimizar causas, atacar a actores políticos y todo lo que se imaginan, con tácticas como la creación de hashtags artificialmente populares y la generar de ruido, con comentarios sincronizados pero fáciles de detectar por su ortografía y gramática perfecta.

¿Tremendo, cierto? Pues aquí va otro dato incómodo. En promedio, cerca del 20% de las cuentas en redes sociales serían bots, y en campañas electorales esa cifra puede subir hasta el 43%. Suena exagerado, pero justamente ese es el problema. Lo exagerado ya se normalizó.  Ahora bien, esto no busca provocar que la gente entre en paranoia ni asumir que todo post es parte de una conspiración. Va de entender que en redes sociales casi nunca vemos solo “contenido”. Vemos intereses, vemos intención, vemos actores intentando vendernos algo, movernos a algo o hacernos sentir algo para sacar provecho de ello.

Antes de compartir un post, conviene hacer una pausa mínima. Ver quién publica, sospechar de lo demasiado perfecto. Preguntarse si ese entusiasmo es genuino o pagado, si esa indignación nació sola o fue sembrada, si esa cuenta informa, vende, manipula o simplemente ejecuta.

Porque en redes sociales no siempre manda la verdad, también manda el poder.

Sentipensante